El objetivo es tener un texto definitivo a tiempo para que a mediados de noviembre comience el proceso de ratificación.

El Reino Unido y la Unión Europea (UE) iniciaron este jueves una nueva fase de negociaciones «intensificada», que en ambos lados del canal de la Mancha se percibe como el último intento por evitar un ‘brexit’ sin acuerdo a final de año.

Si el diálogo prospera, se espera que durante las próximas dos o tres semanas los equipos negociadores mantengan contactos a diario, incluidos los fines de semana, con el objetivo de tener un texto definitivo a tiempo para que a mediados de noviembre comience el proceso de ratificación. 

La primera etapa de esta última fase ha comenzado con una serie de encuentros presenciales en Londres que durarán hasta el domingo. A partir de entonces, se sucederán reuniones en la capital británica y en Bruselas, así como en línea.

Este nuevo formato es el resultado de la presión que ha ejercido el Gobierno británico tras el último Consejo Europeo, que volvió a concluir sin avances significativos en los asuntos más controvertidos de la futura relación entre el Reino Unido y el bloque comunitario. 

El primer ministro británico, Boris Johnson, amenazó con dar carpetazo a la negociación y aceptar una ruptura abrupta cuando termine la transición del ‘brexit’ si Bruselas no aceptaba intensificar los contactos. 

La presión del Gobierno británico ha obligado a Bruselas a aceptar que comiencen a redactarse borradores legales de las partes del acuerdo menos controvertidas, algo a lo que hasta ahora la UE se había negado, al entender que eso abriría la puerta a que el Reino Unido exija futuros «miniacuerdos» sobre asuntos poco problemáticos si la negociación general descarrila. 

Bruselas ha cedido a la demanda de Londres de comenzar a poner negro sobre blanco las disposiciones menos polémicas de la futura relación bilateral, pero ha advertido que mantiene la consigna en la que ha insistido desde que comenzó el diálogo: nada estará acordado hasta que todo esté acordado. 

Economía

Se mantiene bloqueado el asunto del reparto de las cuotas pesqueras y el acceso a las aguas británicas tras el ‘brexit’, una cuestión en la que Francia se ha mostrado especialmente beligerante. 

La UE quiere mantener un acceso para sus flotas lo más similar posible al actual, pero Johnson ve recuperar el control de sus aguas como una victoria política a la que no quiere renunciar, a pesar de que el sector representa apenas un 0,1 % de la economía del Reino Unido. 

En los últimos días, el Gobierno ha redoblado sus esfuerzos para exhortar a las empresas a que pongan en marcha cuanto antes sus planes de cara al 1 de enero, cuando inevitablemente se levantarán nuevas trabas burocráticas a las exportaciones e importaciones con el resto del continente.

El ministro británico de Gabinete, Michael Gove, anticipó en septiembre que ve posible que se forman colas de hasta 7.000 camiones en el puerto de Dover, en el sureste de Inglaterra, si bien ha expresado desde entonces que espera que el avance de los planes de contingencia permita aligerar esa posible congestión.